INTY RAYMI

El origen del Inti Raymi se remonta a la época de los grandes gobernantes Incas y a la cuna de su imperio: Cusco, cuya esencia ha sido desde esa época: rendir culto a las deidades andinas, agradecer por las cosechas obtenidas y exaltar la fecundidad de la madre tierra.

Esta festividad tiene un significado muy importante para el mundo andino al igual que las celebraciones religiosas para el mundo occidental. No es una festividad aislada, sin conexión con el resto de celebraciones indígenas que suceden en el año. Es más bien el clímax del ritual de la vida de la madre naturaleza que se expresa a través del ciclo agrícola andino. La fiesta es considerada como la celebración mayor de los Andes, tomando un lugar preponderante en la cultura de los pueblos indígenas. Esto se debe en gran parte a que es la época de la maduración de los frutos de la pachamama por lo cual hay una participación masiva de las comunidades en las cosechas que se ven en toda la región.

Al ser una festividad tradicional indígena, cada grupo étnico y cada comunidad tiene una fecha y un tiempo de celebración propias. Mientras varias comunidades inician el veintiuno de junio con el baño ritual en ríos, vertientes y cascadas sagradas, otras esperan la llegada del día y el momento apropiados para iniciar sus festividades.

En Imbabura, la festividad como tal inicia con el solsticio de verano el veintiuno de junio y se extienden hasta mediados del mes de agosto cuando termina con las octavas del pueblo Kayampi.

Esta celebración inicia el 21 de junio con el solsticio de verano, y se extiende hasta el 11 de agosto.

En todas las comunidades indígenas del cantón Otavalo, se realizan actos similares para le celebración del Inti Raymi.

BAILE EN SUCUMBIOS

Conocidos comúnmente como Cofanes, los A’I constituyen un pueblo ancestral de la Amazonía cuyo territorio se encuentra delimitado por los ríos Aguarico, San Miguel y Guamés, y algunos tributarios menores de estos. Cofän es un término occidental que «no significa nada en la lengua de los A’I, se refiere a un grupo de personas que hablan una lengua común y que viven en las fuentes de dos grandes ríos del Alto Amazonas, el Aguarico y el San Miguel.

Ellos se auto determinan A’I que significa en su idioma (A’ingae), «la gente» y en la actualidad representan un grupo que superan los mil habitantes que viven en el territorio ecuatoriano y colombiano. La organización tradicional está basada en grupos de descendencia patrilineal o «antia». El papel de curaca o tuturica (jefe y shamán) es decisivo, tanto a nivel religioso como político.

YACHAC’S

En la parroquia de Ilumán todas las calles están llenas de letreros con nombres sugestivos de shamanes.

Los poderes ancestrales se mezclan en las curaciones que realizan los Yachaks. Invocan a los cuatro puntos cardinales. El sol, el agua, la tierra y el fuego son los elementos energéticos que ayudan a curar las dolencias que los médicos les catalogan de incurables.

José Picuasí, de 58 años de edad, desde los 12 practica los saberes ancestrales. Es parte de la Asociación de Yachacks de Ilumán. Un cuarto pequeño sirve para curar el mal de la calle, limpias para que los negocios surjan, que el amor llegue o no se aleje, que el matrimonio se fortalezca, las malas vibras no penetren en el cuerpo y que vuelva el equilibrio.

Una copa de licor macerado con canela, hierbas que atraen el amor, claveles rojos y blancos es la bebida para empezar el rito.

Con un atado de plantas para equilibrar las energías y contrarrestar los maleficios José golpea el cuerpo de las personas que necesitan de su ayuda. Invoca a los montes Imbabura, Cotacachi, cerro Negro, Laguna de San Pablo para que los poderes de la naturaleza fortalezcan su espíritu. Con esto logra desterrar a los malignos que se encuentran en el cuerpo de sus pacientes.

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